M.

Grabado

 
 
   

El grabado constituye uno de los ejes vertebrales de mi práctica artística, un territorio donde la investigación de procesos técnicos y la reflexión sobre la reproductibilidad de la imagen convergen con una búsqueda plástica singular. Desde mis primeros años de formación en la Facultad de Bellas Artes de Cuenca, la estampación ha funcionado como laboratorio de experimentación, como espacio de cruce entre la disciplina del oficio y la libertad de la exploración matérica.

Mi acercamiento al grabado no responde únicamente a un interés por las técnicas tradicionales de reproducción —xilografía, linograbado, aguafuerte, punta seca— sino que integra estas prácticas dentro de un campo expandido donde lo gráfico dialoga con la pintura, el dibujo y la fotografía. La matriz no es solo soporte: es huella, vestigio, palimpsesto. Cada estampación se convierte en ejercicio de memoria y variación, en reflexión sobre lo efímero y lo permanente, sobre la singularidad y la serie.

Procesos y materialidades

Trabajo fundamentalmente con técnicas de grabado en relieve y en hueco, privilegiando aquellos procesos que me permiten mantener un contacto directo y físico con la matriz. La xilografía y el linograbado me interesan por su carácter escultórico, por la resistencia del material, por esa tensión entre el gesto de tallar y la impronta que deja la tinta sobre el papel. El aguafuerte y la punta seca, por su parte, abren un espacio más íntimo, más ligado al dibujo, donde la línea se vuelve surco y la presión del tórculo traduce la intensidad del trazo.

La elección de papeles, tintas y procedimientos de entintado forma parte integral del proceso creativo. No concibo la estampación como mera reproducción mecánica, sino como momento de decisión plástica en sí mismo: cada prueba de estado, cada variación cromática, cada accidente del entintado son oportunidades de desviación y descubrimiento. Las manchas, los registros imperfectos, las transparencias inesperadas se integran en el resultado final como huellas de un proceso vivo.

Entre la serie y la pieza única

Una de las tensiones más productivas de mi trabajo en grabado se sitúa precisamente en la dialéctica entre serialidad y singularidad. Si bien el grabado nace históricamente vinculado a la reproducción múltiple, mi práctica cuestiona esa lógica a través de la variación, la sobreimpresión y el trabajo manual sobre cada estampa. Muchas de mis piezas son tiradas cortas o incluso pruebas únicas, monotipos que recuperan para la estampa el estatuto de obra irrepetible.

Esta aproximación enlaza con mi interés por lo híbrido y lo interdisciplinar, valores que atraviesan toda mi trayectoria desde mi participación en el grupo de investigación ARTEA y mi Máster en Arte en la Esfera Pública. El grabado, entendido no como técnica cerrada sino como campo de posibilidades, se convierte en lugar de encuentro: entre lo manual y lo conceptual, entre la tradición del taller y las lógicas contemporáneas de producción de imágenes.

Iconografías y territorios visuales

Temáticamente, mi obra gráfica transita por territorios cercanos a los que exploro en pintura y fotografía: paisajes urbanos y naturales, fragmentos arquitectónicos, cuerpos en movimiento, cartografías afectivas. Pero el grabado impone su propio lenguaje: la síntesis, el contraste, la economía de medios. La imagen grabada tiende a la esencialidad, al esquema, a la potencia del blanco y negro o de las tintas planas.

Algunos de mis proyectos en grabado han dialogado directamente con la investigación escénica y performativa. La huella del cuerpo, el registro del gesto, la temporalidad de la acción encuentran en la estampa un modo de pervivencia material. De alguna manera, grabar es también digitalizar lo efímero —por usar el título de uno de los proyectos de investigación en los que participé— pero sin mediación tecnológica: es fijar en la matriz, en el papel, aquello que por naturaleza desaparece.

Exposiciones y circulación de la obra gráfica

Mis grabados han formado parte de exposiciones individuales y colectivas en España, Italia, Marruecos y Reino Unido desde finales de los años noventa. La obra gráfica ha sido presentada en salas de Madrid, Toledo, Ciudad Real, Cuenca, Tarragona y Londres, conviviendo en muchas ocasiones con pintura, fotografía y proyectos de investigación visual. Esta circulación ha permitido que el grabado dialogue con contextos diversos, desde espacios institucionales vinculados a la universidad hasta galerías independientes y centros culturales.

La naturaleza portátil y relativamente accesible del grabado facilita su difusión y democratiza en cierta medida el acceso a la obra. Sin embargo, mantengo una atención cuidadosa a la materialidad de cada pieza, a la calidad de la estampación, al papel como objeto sensible. Cada grabado es resultado de horas de trabajo en el taller, de pruebas, de ajustes, de decisiones técnicas y plásticas que buscan trascender la mera imagen impresa para ofrecer una experiencia táctil y visual completa.

Grabado como investigación

Finalmente, entiendo el grabado como práctica de investigación artística. Cada proyecto gráfico plantea preguntas técnicas, formales y conceptuales que se resuelven en el propio proceso de trabajo. Investigar en grabado es investigar en los límites de la imagen, en las posibilidades expresivas de la presión, la tinta y el papel, en los vínculos históricos entre reproducción técnica y democratización cultural, en las relaciones entre original y copia, entre matriz y estampa.

El taller de grabado funciona así como espacio de pensamiento, como laboratorio donde teoría y práctica se entrelazan de manera inseparable. En ese sentido, mi formación doctoral y mi trayectoria investigadora en el ámbito de las artes visuales y escénicas nutren directamente mi trabajo gráfico, aportándole densidad conceptual sin renunciar nunca a la especificidad material y técnica del medio.

El grabado sigue siendo, después de años de práctica, un campo abierto, un territorio en permanente exploración donde cada nueva matriz es promesa de descubrimiento.